
Capítulo III : Playa Avellanas
Después de cuatro días en Santa Teresa y ante la inminente llegada de un swell de nueve pies, decidimos llegar hasta la zona de Tamarindo, más concretamente a Playa Avellanas. Me habían comentado que había que subir hacia el norte cuando se ponía grande en Santa Teresa, parecía que las olas se estaban poniendo de acuerdo para que al llegar a mi nuevo destino me estuviese esperando un buen baño.
Para llegar a Playa Avellanas no pudimos seguir por la costa, puesto que en esta época del año las lluvias llenan los ríos que desembocan en el Pacífico destrozando la pista que sigue la costa y haciéndola impracticable. No nos quedaba más remedio que dar un poco de vuelta.
De Santa Teresa a Playa Avellanas distan 189 km que recorres en cinco horas de coche, hay que tener en cuenta que hay grandes tramos que son pista y la velocidad del coche no alcanza los 30 km/h. Un auténtico calvario para tu trasero.
Finalmente llegamos después de cinco horas botando y esquivando charcos, y los que no podía entrando de lleno en ellos desconociendo por completo su profundidad. Nos dirigimos hacia Cabinas las Olas, uno de los pocos Hoteles que tienen acceso directo a la playa y puedes llegar sin coche. La particularidad de estas cabinas es una pasarela de madera de unos 300 m de largo que pasa por encima de una especie de manglar infestado de cangrejos y que te conduce directamente hasta la playa. En esta zona los precios empezaban a estar más influenciados por el turismo yankee y por tanto más elevados. El precio por la cabina era de $60 la noche sin desayuno.
Playa Avellanas es una playa de arena y rocas, habitualmente se surfea delante de la desembocadura de un pequeño río, lo que convierte al lugar en un spot perfecto, ya que la desembocadura del río al tener menos profundidad crea una lengua de arena y roca que parte la ola en una derecha y una izquierda bastante largas, pero hay que ir con cuidado porque justo en el medio la profundidad es de zero metros. Un buen susto me di al coger una izquierda bastante larga y al remontar ver que había pasado justo por delante de un pedregal que afloraba a la superficie al llegar la ola.
Es una ola bastante potente, tiene un take off fácil y la sección gana en verticalidad a medida que la ola se acerca a la orilla, una ola perfecta para progresar. Aunque también para aprender siempre que te quedes en las espumitas de la orilla como hizo Anna.
En Playa Avellanas hay algún que otro hotel y algún que otro restaurante, pero aparte de contemplar la belleza de esta y otras playas como Playa Negra o Manzanillo poca cosa hay más que hacer. A 13 km encuentras Tamarindo, llegas en media hora de coche, es otro de los centros turísticos dominados fuertemente por los gringos, burguer kings, subways, cadenas inmobiliarias americanas, centros comerciales… un pequeño pueblo muy americanizado donde podrás comprar aquellos “souvenirs” que difícilmente encontrarás en otros lugares, porque simplemente en CR no hay shopping.
Para mi, Playa Avellanas una de las mejores olas de las que pude probar.


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