
Sol.
Hijo y nieto de amantes del mar, había recibido su nombre por voluntad de su madre y ante la reacia mirada de su padre que hubiese preferido un nombre más varonil y menos ambiguo. Al igual que su padre y su abuelo creció cerca del mar, forjando ya desde bien pequeño una relación con él que difícilmente nada podría quebrantar.
Pasaban los años pero el salitre seguía corriendo por sus venas, y ahora como nunca lo había hecho antes.
La playa en la que había crecido, jugado a médicos en las calurosas noches de verano y descubierto una nueva forma de entender la vida, su playa, había cambiado. No podía ver con claridad el proceso, pero el antes y el después distaban un abismo.
Aún recordaba esos días de adolescente en los que metros y trenes eran su habitual medio de transporte y la gente atónita le observaba moverse entre la muchedumbre con ese artefacto que le hacía diferente. Él lo sabía, su diferencia en ocasiones le avergonzaba, pero nunca lo suficiente, una fuerza le poseía fruto de la amalgama que corría por sus venas. Esos ojos ignorantes le molestaban y le juzgaban, como si de un loco incomprendido se tratara, sobretodo en los días en que fuerza del mar rugía tan fuerte que silenciaba cualquier otro sonido por grande e intenso que fuese. Especialmente en esos días fríos, grises, hostiles e invernales el pisar la arena a pie desnudo era sólo una hazaña de unos pocos, unos pocos que difícilmente coincidían. Tan sólo esos ojos incrédulos podían atestiguar desde la distancia que ni la lluvia ni el frío podían frenar la temeridad de que su neopreno entrase en contacto con el agua en un día como ese.
Su vida la había cambiado algo que muchos eran incapaces de pronunciar correctamente o simplemente confundidos por su ignorancia. Eran días solitarios, en los que a veces se veía arrastrado al agua por sus similares. Otros locos que como él, simplemente eran unos incomprendidos adelantados a su tiempo.
La mirada al pasado le suscitaba nostalgias. La experiencia y la vida tienen la capacidad de otorgar al que las sufre de perspectiva, comprensión y visión. Con el paso del tiempo, a pesar aún de su juventud, se daba cuenta que anhelaba ser un extraño incomprendido, un loco temerario e inconsciente que formar parte de una corriente superficial y comercial en la que su pasión se había convertido de forma ajena a él. No entendía en qué momento de su vida había sucedido, sólo era capaz de enfocar el antes y el después. Sólo capaz de ver como su playa, la playa testimonio de su relación con el mar en todos esos años, se había convertido en el patio de otros. Unos que jugaban a parecer sus similares a imagen y semejanza pero vacíos de sentimiento y de espíritu, crecidos por la mirada de aquellos ojos que el paso del tiempo había cambiado obstinación por admiración. No podía entender como las ovejas descarriadas y desertoras de las que formaba parte, habían podido convertirse en una manada sin personalidad ni juicio, sucumbiendo a la banalidad de un sistema del que siempre había huido como alimaña escurridiza.
Estos otros, vacíos de toda relación con el mar, triviales, artificiales, sacados del mismo molde y fabricados en serie, invadían su playa, y las playas de otros similares a él. Se amontonaban como desechos, concentrándose y reproduciéndose cómo un cáncer, contaminando y despojados de toda pasión, ansiosos y ofuscados por merecer de una admiración que él nunca buscó.
Asqueado intentaba liberarse de esa masa aborregada e inerte que expolió todo aquello que él amaba, en busca de nuevos horizontes y nuevas sensaciones en otros lindes y otros mares. El salitre ganaba fuerza con cada latido de su corazón.
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Capítulo II, Un País
Capítulo III, Desamor
Capítulo IV, La Isla
Créditos
Texto: Dani
Foto Portada: Girasoles en Maui
Por: Dani


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