
Una gota de sudor se deslizaba por su frente secándole la piel. El ventilador que estaba sobre él seguía funcionando, desplazando el pesado aire de un lado a otro, moviendo sus aspas con torpeza. A cada vuelta parecía iba a desprenderse del techo. La gota llego a la almohada, y Sol se despertó empapado en sudor, de repente, sobresaltado.
Todavía no había amanecido, la ciudad seguía en calma, justo antes del amanecer la noche desprendía su último frescor. Justo en ese momento, cuando el calor absorbido de todo el día había sido liberado, y la noche invitaba por unos minutos a taparse con la sábana. Sol despertó inquieto. Había soñado de nuevo con ella. No podía sacársela de la cabeza. Ya no estaba en aquel país que le cautivó por sus olas, en aquel país en que creyó encontrar el amor. Se encontraba a miles de kilómetros de allí, en algún lugar del Trópico Asiático… Huyendo de nuevo, una vez más. Huyendo del rechazo, huyendo de ella. Sol confundido tardó unos segundos en ubicarse. Se levantó y abrió la neverita eléctrica del hotel, bebió unos tragos de agua fría, casi helada, para calmar su sed y la sequedad de su garganta. El alcohol y las drogas de la noche anterior todavía corrían por sus venas. Se echó de nuevo sobre la cama, cerró los ojos y de nuevo volvían esas imágenes a su mente, esas imágenes que endulzaron su pasado y que ahora tan dolorosamente recordaba. Pequeñas agujas que se le clavaban en el corazón y le dejaban un amargo sabor en el paladar. Se durmió.
La pobreza de ese lugar convertía a cualquier Europeo en un magnate, por poco dinero que tuviese, todo quedaba a su alcance. Sol decepcionado y dolido parecía vengarse de ella abriéndose a las nuevas experiencias que le ofrecía ese nuevo destino. Las noches se llenaban de alcohol, falsas drogas que le vendían en la entrada de los tugurios a los que solía ir cuando no se tenía en pie. Y en ocasiones disfrutando de la compañía de alguna de las chicas que allí encontraba, una efímera compañía que solía acabar en la cama de cualquier hotel cercano.
La luz del sol empezaba a entrar por la ventana, y a lo lejos se oía el bullicio de las calles. Marabunta de turistas occidentales se movían entre las estrechas y laberínticas calles al acecho de los comerciantes, que los veían como lingotes de oro.
De nuevo ese intenso y pesado calor. Las sábanas se enganchaban en la piel aprisionando a Sol. Era la hora. Se levantó todavía medio dormido, desperezándose. Sin peinarse ni lavarse dejó la habitación, cruzó el jardín, bordeó la piscina del hotel y se dirigió a unas mesas de teca que había del otro lado. Se sentó y espero su desayuno. Zumo de fruta, algunos trozos de fruta fresca y un pequeño bocadillo caliente acompañado de un huevo frito. El mecanismo del rutinario día a día se acababa de activar.
Un nuevo día se levantaba. El cielo con un intenso azul dejaba como único protagonista a un radiante sol que empezaba de nuevo a calentar el suelo de esa ciudad. A la sombra de las palmeras, Sol acabó su desayuno con un aguado café, si hubiese prestado atención al fondo de su taza habría visto como un espeso poso dibujaba su futuro.
Le admiraba la cultura y espiritualidad del lugar, la dedicación con la que preparaban las ofrendas florales y la majestuosidad de las esculturas con la que rendían culto a sus Dioses. La belleza de sus playas y la perfección de las olas cristalinas que rompían sobre los corales hacían del lugar un paraíso. Sol estaba cautivo. Se abría paso por las angostas calles ignorando a los comerciantes que se le abalanzaban. Cada día el mismo camino, el mismo ritual, la misma playa, las mismas olas. Parecía atrapado en un bucle del que no se cansaba, atrapado por el tiempo, cautivo por sus recuerdos al otro lado del mundo. Empezaba a entender que sólo podría salir de esa espiral cuando asimilase lo que había ocurrido. La vida nos depara cosas a las que no estamos preparados. Hay que aprender de aquello que nos supera. Sol recordaba aquel viejo filósofo que una vez tuvo que estudiar, y lo que decía en sus manuscritos “lo que no te mata, te hace más fuerte”.
Otros Capítulos:
Capítulo I, Sol
Capítulo II, Un País
Capítulo IV, La Isla
Créditos
Texto: Dani
Foto Portada: La ola de Lanes
Por: Dani


[...] Capítulos: Capítulo I, Sol Capítulo III, Desamor Capítulo IV, La [...]