
Una vez me dijeron “Cuidado con lo que deseas. A veces los deseos se hacen realidad”.
No entendía dónde estaba la trampa…
Cuando uno piensa en los deseos siempre le viene a la cabeza la idea romántica que concebimos de ellos, pero… ¿Qué pasa cuando ese deseo es vilmente deformado por los ojos de otro?
Eso fue lo que pasó el sábado 24 de Enero…
Eran las 07.00 am, todavía de noche, el viento empezaba a sacudir suavemente los árboles del jardín.
Me levanté y vi a Stéphane mirando por la ventana. Le había prometido un baño de stand up al amanecer, no creía que el viento fuese a madrugar más que nosotros. Pero sí… ya estaba allí. Viendo la imposibilidad de echarnos al agua, Stéphane decidió seguir su camino, aún le quedaban unos cuántos kilómetros hasta Tarifa. Y yo decidí esperar al viento y al Sol.
El viento estaba subiendo de intensidad rápidamente, cómo de costumbre cuando se trata de un Poniente duro como el que se esperaba. Las previsiones daban una subida de viento hasta las 13.00h y luego empezaría a bajar. Eran las 10.00h y ya habían cerca de 40 nudos… tenía mis dos Simmer Icon nuevas para estrenar, una 4.7 m2 y una 4.0 m2. Y me moría de ganas por probar alguna, lo primero que pensé “Se ha adelantado la previsión, debe estar a punto de empezar a bajar”. Tenía la mirada puesta en mi 4.0m2. Pero el viento no bajaba, sobre las once y pico y después de analizar las rachas de viento me decidí a salir con la 3.8m2 que me prestaba Ignasi. Con vientos así, todo lo que sea bajar de trapo por poco que sea vale la pena, habían rachas sostenidas de 30-35 nudos y alguna de vez en cuando de más de 40.
Ya había montado y me disponía a bajar hasta la orilla ante la atónita mirada de algunos de los que estaban allí. El cielo se había abierto ante tanta nubosidad, salía un Sol radiante. Las rachas prácticamente ya no las sentía y el mar me invitaba a entrar. Era como un espejismo. Tardé poco más de cinco minutos en calentar y cuando agarraba de nuevo el material vino sobre mi la tempestad. El Sol se desvaneció, y la luz con él, a mis espaldas una nube de arena me castigaba e intentaba arrancarme el material de las manos. “Tan sólo es viento” pensé… me obligó a dar cinco zancadas hacia delante para equilibrarme mejor. Cada zancada era una derrota. El viento me estaba ganando y yo seguía inmerso en esa nube de arena. No podía hacer otra cosa que volver a resguardarme. Casi no podía tenerme en pie con el material en las manos…
“Rachas de más de 50 nudos”- me decían. Suerte que la tempestad me sorprendió aún en la arena y no en el agua. Tuve que esperar aún dos horas más, las rachas increíblemente daban puntas cada vez más altas. ¡Hasta 66 nudos! Nunca antes había visto algo así en Castelldefels, en más de 16 años de windsurf!
Finalmente el viento empezaba a remitir, de nuevo las rachas sostenidas a 35 nudos y la punta en 40 y pico. Ahora sí era el momento. Así que entré al agua… había bastante mar y el viento era muy racheado, o me caía o iba pasado. Pasé la rompiente y la fortuna me llevó pasado el Bunker, es decir algo más de medio kilómetro que tuve que hacer a pie. Eso no me iba a amedrentar. Lo volví a probar… salí disparado, iba tan pasado que no osaba a engancharme del arnés para evitar una catapulta, pasé la rompiente a brazo, y de nuevo la calma y con ella de nueva al Bunker.
El viento parecía estar muriéndose… ya no había rachas, y el anemómetro mostraba 20 nudos de intensidad… ¿ya estaba? ¿Más de 4 horas de espera para dos bordos? Indignado me fui a comer…
Y a la vuelta pudimos disfrutar de un buen rato de viento para 4.7m2 y olas de casi 2m…
Sin saberlo, el viento que tanto habíamos esperado, arrasó por dónde pasó, causando estragos y llevándose a su paso la vida de aquellos que encontraba en su camino.
La frase que no entendía cobraba todo su sentido.
Créditos
Foto Portada: Entrando al agua…
Fotos por: Marc Durà • SueltaElAncla
Agradecimientos
A Marc por estar siempre como testigo en la playa y dedicarnos tanto su tiempo como su arte en la fotografía! You kill me!!

